Me encanta la arbitrariedad de los lunares, su distribución completamente gratuita que, acaso por alguna coincidencia, imita de lejos un cielo conocido. Me encanta descubrir constelaciones en nuevos cuerpos, vírgenes de mi, que se abren a mi vista. Pero me encanta también, volver a los clásicos senderos, a los siempre recorridos rincones de piel, dónde de pronto asoma una forma familiar, un triángulo maravilloso que alguna vez amé.
3 comentarios:
Algo bueno salió de tu asistencia a la clase de Volpi, ¿cierto?
¡Qué bonito!
Pensar en los cuerpos amados como en una colección privada de constelaciónes, un cielo propio, un museo de estrellas: de alguna forma nos convierte en star catchers (creo que eso es un videojuego)
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