04 julio, 2010

Quite Foresaken

Me encanta este frío que se cuela por la ventana. Y la noche... y una vela parpadeándo tímida al otro lado del cuarto. Y las sombras que juegan sobre la pared. Tengo en la mano una antología de poemas de D.H. Lawrence que compré hace un mes en Nueva York. Mercer Street Books, una tienda de libros de viejo en la que por menos de 30 doláres compré 6 libros. Leo algunos poemas al azar y encuentro en la página 68 un papel. Es rectangular con los bordes rectos, un perfecto separador en potencia. La última frase del poema de la página marcada, dice - And this is the dawn/ For which I wanted the night to retreat. Lo que dice el papel apenas es legible. Alcanzo a distinguir unos números, se trata de un ticket, quizá del ticket de compra de este libro. El ticket está amarillento, también mi libro. En la parte inferior adivino
17 Sp 1971
Cody's Books
Berkeley

¿Será?

Me intriga hasta la incomodidad pensar por cuántos lugares tuvo que pasar este libro para llegar a la ciudad de México 40 años después. Quiero imaginármelo en un dorm estudiantil californiano, después, un regalo para alguna estudiante de NYU que lo vendió junto con otros en un ataque de pobreza. O traspapelado en algún estudio en Noho hasta una venta de garage de esas que intentan hacer espacio para un nuevo sistema de sonido. No sé... no sé. Seguramente nada de esto. ¿Cuánto tiempo habrá estado en Mercer Street Books antes de que yo lo comprara? ¿Cuánto tiempo sin que alguien lo leyera? No entiendo por qué, pero me duele pensar en estas cosas. En el tiempo, en el abandono, en los libros que nadie lee y se van poniendo amarillos sin olor a viejo, sin acotaciones ni esquinas dobladas, sin manchas de café, sin recuerdos, en formación castrense apretujados en un librero. Apolillados, quizá. Libros que se quedan a morirse solos.

La noche, D.H. Lawrence, y este frío. Este frío en medio de tanta soledad de libro de viejo, de esa que cala... pero yo te voy a leer, no te preocupes.