30 agosto, 2011

Cosas

Cuando empecé a salir con M, unos 6 ó 7 años atrás, fuimos al cine un jueves por la tarde muy temprano. Me invitó a una fiesta y quedamos de hablar en la noche. Se fue a una clase y yo fui a tomar café con un amigo. Por la mañana él había llevado a su papá a algún lugar en el Ajusco. Me contó que de vez en cuando su papá le pedía que lo llevara y trajera de lugares porque no le gustaba manejar esa camioneta. Por la noche esperé su llamada para ir a la fiesta. Empezaba a hacerse tarde y seguía sin llamar. Le llamé entre dudosa y apenada, considerando la posibilidad de que hubiera olvidado que me había invitado salir con él...

Cuando me contestó estaba en el hospital. Me dijo que su papá se había puesto mal y habían tenido que llevárselo. Colgamos. Más tarde le llamé y me dijo que su padre había fallecido e iba de regreso a su casa para recoger unos papeles.

Hace unos días, cuando se murió Sócrates, le conté a M que sentía una gran culpa por haber llegado de madrugada a mi casa esa noche. Le dije que pensaba que si no hubiera salido de fiesta tal vez me habría dado cuenta un poco antes de que Sócrates estaba mal y habría podido llevarlo al veterinario a tiempo para que lo ayudaran. Él, quizá a manera de consuelo, me dijo que cuando su padre murió pensó algo similar. Me dijo tal cual. "Pensé, -tal vez si no hubiera ido al cine con D habría estado en la casa por la tarde y mi papá estaría vivo". También me dijo que esas son cosas que pensamos porque nos cuesta aceptar la realidad, pero que ese día para nosotros era como cualquier otro y no teníamos porque haber pensado que no lo sería.

Es cierto... todo es cierto. Uno no sabe, sólo hace las cosas como las haría siempre. Pero de pronto no me puedo sacar de la cabeza esa historia. Las cosas que estamos haciendo sin saber que en ese momento nuestra vida está cambiando. Las cosas que recordamos con una culpa muy rara. Las cosas que parecen irrelevantes, cosas de todos los días, que de pronto se vuelven únicas: el día en que fuimos al cine y su padre murió; la vez que celebramos su cumpleaños y mi abuela murió; la vez que fui a cenar con mis amigos y mi gato estaba agonizando en mi casa. Es inútil pensar en eso, y además es doloroso, pero no me puede pasar inadvertida la simultaneidad de las cosas, no puedo dejar de pensar que nosotros estábamos ahí, pasándolo bien, enamorándonos quizá, y su padre estaba en medio -literalmente- del peor momento de su vida. Y así con todo.

También me duele pensar que, de alguna forma, yo soy ese momento que él lamenta.

Y también me duele que, a veces, hacer algo como lo haría normalmente no es suficiente para sentir que hice todo lo que habría tenido que hacer un momento de peligro.