08 agosto, 2011

Sócrates


Se murió mi gato, Sócrates.

Es tan inasible la muerte. Todo me dice que ya no está, todo me dice se terminó, está muerto, nunca más, nada, fin. Recoger sus cosas de lo del veterinario, lavar sus cobijas, quitar sus trastes de la comida, recoger el arenero, quitar, sacar, limpiar, guardar. Todo me dice muerte y yo no lo siento. No siento que ya no es mío, no siento que no está aquí, no siento que la vida pueda seguir así como sabiendo que me falta un brazo y seguirlo sintiendo. La muerte para los que se quedan no es un umbral... no es un 'de un momento al otro'. Es una espera. Esperar a ver en qué momento se empieza a sentir su ausencia en mi vida hasta un punto en el que me parezca que sí, que es verdad, que ya no está, que se murió.

Y llorar tanto...