19 octubre, 2011

El insomnio... el insomnio

Quiero sacarme de la cabeza un post de esos que nomás no se dejan escribir. Es triste y críptico y está atravesado por recuerdos dolorosos y también felices que de pronto regresaron -actualizados- y anunciando futuros posibles a los que no sé cómo enfrentarme. Una de esas cosas tan llenas de contexto que quizá nadie aparte de mi podrá entender. Y eso está bien. Hay claves para la vida privada que sólo hacen sentido en la cabeza. Pero el insomnio... el insomnio.





Mejor refugiarme en algunas fotos de las últimas semana. Los jazmines recién cortados que me vendió un señor en un semáforo en Gabriel Mancera, y su olor; unos labios pegados en la puerta de un baño del Covadonga; la ruta del autobús entre Villacoapa y Pemex, que convenientemente me lleva a cualquier lado que necesite: casa de mi mamá, Coyoacán, el metro, el mercado, casa de mi abuela, la Cineteca, Reforma, Polanco, you name it; y, por último, la comida de aquel día con D: hamburguesa vegetariana del Pan Comido y helado de maracuyá y jengibre en Delirio.