28 octubre, 2011

Gracias por el sueño

Soñé que me cantaba un poema de Nicolás Guillén que no existe. Hablaba sobre una balsa que flota a la deriva y encalla en un arrecife y hay una explosión de colores hermosa que maravilla a la única persona que la tripula. Los peces se escapan por todos lados y dejan estelas rosas y amarillas y verdes sobre la superficie del mar y las olas rompen como una melodía. Pero como todas las cosas bellas, dura sólo un instante. El arrecife muere poco a poco y el hombre se muere de tristeza con él mientras el mar lo ve sin poder hacer nada para salvarlo. 

Él estaba frente a mi y sus manos se movían por la guitarra. Yo las veía en la guitarra, pero las sentía moverse arriba y abajo sobre mi cuerpo. Y mi pecho vibraba con las notas, y su voz era dulce y sentida. Me cantaba al oído como en un arrullo. Y yo era la guitarra, y yo era el arrecife, y yo era los peces, y yo era el mar deshaciéndome en colores para él.