02 octubre, 2011

Notas para una historia de mi familia

El viernes el papá de mi papá cumplió 81 años. Por la noche pasé a visitarlo y por primera vez le hice toda clase de preguntas sobre su familia. Terminamos haciendo cuentas de los años y poniendo fechas aproximadas y nombres detrás de las pocas fotos que todavía guarda.

También descubrí cosas maravillosas. Cosas que me hablan de mi... de mi padre, de esa línea invisible que es el parentesco y que a veces nos sorprende tres generaciones después como un detalle nuevo cuando en realidad es un resquicio antiguo, perdido y reencontrado (un poco como dice el poema de Deniz: que sin reconocerlo nos retorna... pero hablando de la familia y no del sexo, claro está). Cosas del cómo, cuándo y dónde que no quiero que se me olviden nunca:

Los papás de mi abuelo tuvieron 12 hijos, mi abuelo fue el más pequeño. Su padre nació en 1875*. Su madre nació en 1882, pasó 108 meses de su vida embarazada (9 años) y llegó a vieja: raro en su época.

El abuelo de mi abuela se casó con los zapatos al revés. En la foto de la boda se aprecia claramente. La abuela de mi abuela, también nació en 1882. Sus padres nacieron en 1907 y su mamá murió cuando ella tenía 5 años.

La abuela de mi abuela, que fue quien la crió a ella y sus hemanxs, vivía en la calle de Secreto en Chimalistac. Cómo me habría gustado conocer esa casa. Tenían un huerto y un pozo. Cuando mi abuelo la visitaba la esperaba en el pozo, el pozo era el límite territorial al que podían acceder los "muchachitos". Cuando vendieron la casa de Chimalistac -que era enorme- repartieron el dinero entre toda la familia de forma piramidal. A los bisnietos les tocaron mil pesos a cada uno. Mi papá nunca se había sentido tan millonario en su vida, me cuentan.

A mi abuela la molestaban de niña sus hermanos diciéndole que era 'una recogida' porque era la única que tenía los ojos azules. Su abuela la defendía diciéndoles: ¡dejen en paz a su hermana y mírenme a los ojos! (que también eran azules). Mi abuela tenía los ojos de su abuela y yo tengo los ojos de la mía... y probablemente también de la suya. Así nos habla la sangre, saltándose generaciones.

Mi abuelo no soporta comer pollo porque cuando se enfermaba era lo único que le daban de comer, y pasaba mucho tiempo enfermo. Era un niño enfermizo y solitario. Por las tardes tomaba clases de piano mientras los niños jugaban en la calle. Se distraía escuchándolos, el profesor lo regañaba y sus hermanxs se burlaban diciéndole que era un pobre perro (o que estaba solo como un pobre perro) que no podía salir a jugar con los otros niños.

La hermana más grande de mi abuelo le llevaba casi 40 años. Cuando llegó la revolución los papás de mi abuelo se dedicaron "pasar armas". No le quise preguntar a qué se refería con eso porque me dio un poco de miedo que no fuera lo que yo esperaba... pero ya le preguntaré un día.

La familia de mi abuela es longeva, rozan los 100 años. Su tía llevaba siempre una carterita especial con cinco pesos "por si la asaltaban". Decía que un ladrón cuando roba está haciendo su trabajo y no traer dinero era como quitarle la chamaba. Para ir al trabajo llevaba siempre un par de zapatos viejos y un cambio en la bolsa. Un día, saliendo del trabajo le robaron sus zapatos viejos antes de poder cambiárselos. Ella le gritó al ladrón: ¡¡¡señor, nooooo!!! ¡mis zapatos viejos no por favor! y el ladrón se los regreso. Karma.

Entre la familia de mi mamá también corren historias dignas de lo real maravilloso. Cuentan que uno de los tíos de mi abuela guardaba las galletas en la caja fuerte, por ejemplo. Cosas como esa, todo el tiempo... pero esas las dejo para otro post.

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*1875: o sea, Alemania e Italia tenían 4 años de haberse unificado. México tenía apenas unos 50 años de ser un país independiente. La revolución ni se antojaba... ¿se imaginan eso? a mi me da no sé qué de emoción.

1 comentarios:

Flor dijo...

Ojala sigas escribiendo sobre esto.