Los de la foto somos mis tres primos menores y yo. Cuando tomaron la primera yo tenía siete años y ellos tenían cinco, tres y dos respectivamente. Estamos en casa de mis abuelos maternos. Mis primos -que viven en el norte- estaban de visita. Un día en las vacaciones uno de mis tíos fue a la tienda y compró muchísimas paletas heladas, más de 20, seguro, y nos entregó una a cada uno, no sólo a los niños, también a los grandes. Los grandes en ese entonces eran todos los que tuvieran más de siete años, claramente. Era el verano y las tardes en casa de los abuelos se nos iban en jugar y ver películas y pasear por la ciudad tres familias en un solo carro. En ese entonces éramos una familia muy grande, muy... que a pesar de vivir lejos se mantenía muy unida.
La segunda foto la tomaron hace tres años, 16 años después. Yo tenía 23 años y ellos 21, 19 y 18. No era el verano, era noviembre. La escena de las paletas se repitió tal cual, excepto porque ahora los grandes somos nosotros, y hay nuevos integrantes que ven películas y juegan todo el verano. Ayer, mi abuela cumplió años. Comimos pastel y tomamos café y nos entregó -como si quisiera empezar a desembarazarse de todo lo que no puede llevarse- muchísimas fotos, entre ellas ésta. La tomamos al día siguiente de que murió mi abuelo. Estábamos agotados y tristes, pero nos ganaba el contento de estar juntos celebrando todo lo que nos habíamos querido, porque éramos todavía una familia que, a pesar de vivir lejos, se mantenía muy unida. Amo estos recuerdos aunque estén atravesados por tanto dolor.
Ahora mi abuela tiene 85 años, se tambalea cuando camina, y apenas darle un abrazo su cuerpo se siente tan frágil... y hoy todo el día me ha perseguido la certeza de que no volverán a pasar 16 años.


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